Autor: “Óscar-René Vargas”

Nicaragua: Ortega-Murillo, la nomenclatura y el círculo íntimo

La política fascista del régimen Ortega-Murillo no es la locomotora de la democracia, sino su gran freno. Frente al naufragio del orteguismo se levanta una joven generación de ciudadanos conscientes. Al mismo tiempo, bajo la bota del fascismo tropical, ha ido surgiendo una nueva generación inédita de luchadores sociales, para que se establezca una nueva constitución política y la democracia.


Nicaragua ¿Cuál debe ser el objetivo estratégico del movimiento social?

Los poderes fácticos del capital pueden, según las circunstancias, gobernar valiéndose de diferentes sistemas y métodos políticos. Así, el gran capital, en su trayectoria histórica, gobernó a través de los gobiernos conservadores, durante la dictadura somocista, en los años ochenta, en los gobiernos neoliberales y también durante la dictadura Ortega-Murillo. Todas estas formas de gobierno conservaron el carácter de capitalismo dependiente, permitieron la concentración de las riquezas en pocas manos, beneficiaron de los “de arriba” y empobrecieron a los “de abajo”.


Nicaragua: límites y posibilidades de la insurrección popular pacífica

Las intenciones de los empresarios son: no quieren la renuncia del gobierno Ortega-Murillo, sino que este, en conjunto con la OEA y los Estados Unidos, aplique un paquete de reformas democráticas para adelantar las elecciones, para evitar que triunfe la insurrección popular sobre el régimen. Quieren cambios graduales que no pongan en riesgo sus negocios, no desean el triunfo de una verdadera revolución democrática, y en este punto vuelven a coincidir con el gobierno Ortega-Murillo.


Nicaragua amanece con una nueva correlación de fuerzas sociales: se produjo un giro político

Vargas, considerado por muchos el principal cientista social de Nicaragua, nos estrega este análisis que peca de hacer propuestas pasando por encima de los movimientos sociales protagonistas como el estudiantil y el campesino. Seguimos acostumbrados a que sean los intelectuales los que definan caminos de los pueblos, un grave error que permite la reproducción de los partidos y vanguardias, así como del estatismo y la voluntad de poder.