Autor: “Hermann Bellinghausen ”

El botín de la pandemia

Es claro que el virus enrareció el ambiente, lo espesó y le metió presión. Una olla que de manera escalonada e impredecible fue estallando de distintas maneras, y en algunos lugares del mundo la reacción social enfrenta una mano dura que ningún gobierno resiste usar estos días. La brutalidad policiaca es un ingrediente central de la actualidad. También lo hemos visto en México, sin cesar los feminicidios, secuestros, asaltos casi inverosímiles, ejecuciones que terminan en los basureros. Ello, en un país militarizado al redoble y no al contrario como se nos hizo creer, si lo comparamos con los sexenios anteriores.


De virus y cristianos

El negacionismo de los seguidores de esta inabarcable variedad de iglesias resultó un obstáculo más a la cuarentena y las medidas de cuidado y prevención contra la pandemia. En ciertas comunidades fue determinante, y aún están por verse los efectos. Su impacto aculturizador salta a la vista, y resulta muy útil para la introducción “por las buenas” del extractivismo y los megaproyectos de un capitalismo más o menos nacionalista.


El peso de los muertos de Covid-19

No todos los muertos pesan lo mismo. Diversos autores (Asa Cristina Laurell en estas páginas) destacan que, pese a la virulencia y los efectos sociales de la epidemia mundial, en nuestro país las principales causas de muerte siguen siendo otras; algunas verdaderamente absurdas. No que sean desdeñables los más de 7 mil muertos (al 24 de mayo) y el millar de paisanos en la capital mundial de la muerte viral. Norman la vida de todos, aún de los negacionistas y los idiotas felices. ¿Son más importantes que los decesos del hambre por miseria, las diarreas y neumonías infecciosas, las plagas del otrora llamado subdesarrollo? Sí, lo son. Pregunten si no a los médicos, un poder en primera línea estos días.


Fenomenología de la cuarentena

En fechas recientes, al menos dos sicoanalistas me confiaron que durante esta temporada de sesiones a distancia, mediante aplicaciones e Internet, el mayor tormento de muchas personas es su convivencia con quienes comparten el encierro. No todos poseen paciencia, capacidad o voluntad conciliadora. O no todo el tiempo.
Nosotrosm decimos que esta realidad podemos cambiarla progresivamente compartiendo los roles domésticos, es decir mediante la democratización horizontal de las relaciones en casa.


La inmunidad del inmóvil

Mascarillas para el exterior, donde acecha un extraño enemigo. También están los que se ríen de la muerte y retan las nuevas reglas de distanciamiento físico. Los que se resisten a cambiar sus modales, los que necesitan sacar varo de donde puedan, los creyentes de algo tipo: “ni modo que por andar en su procesión me vaya a perjudicar Jesús crucificado”. Los que confunden al gobierno con la realidad. Los que no soportan un minuto más en el departamento y salen a pasear el perro, aunque sea de peluche. Y por último, los que les vale madres.
De todos modos, la vida no seguirá igual, ni siquiera para estos últimos que parecieran los más vacunados. Se volvió difícil seguir la indicación de Elías Canetti: “actúa como nunca volverías a hacerlo”. Pronto será necesario actuar como nunca lo hemos hecho.


Lo impensable

Necesitamos un nuevo futuro. Quizá llevan razón los analistas latinoamericanos, como Raúl Zibechi, y las organizaciones indígenas: la clave (el modelo) puede estar en los mayas, los mapuches, los kichwas, quechuas, nasas o aymaraes: en la construcción solidaria y comunitaria de los que han demostrado que saben durar.


Caminos para la oscuridad

Una fácil descalificación proveniente del así llamado “campo progresista” en esta América Latina inquieta como nunca, dirigida a los críticos de los gobiernos supuestamente “no capitalistas”, es que, al ser “antielectorales”, oponen la utopía de los movimientos a la realpolitik de los partidos que se presentan como única posibilidad contra el neoliberalismo, muy publicitariamente promovido como el “mal a vencer” por gobiernos como los nuevos de México y Argentina, o los ya defenestrados o derrotados en Brasil, Uruguay, Ecuador y Bolivia.
Los pueblos no son los únicos que plantean resistencia y construyen alternativas locales que necesitan de autonomía efectiva, no antinacional, aunque de eso acusen Piñera a los mapuches y AMLO a los mayas del sureste. Combatidos y minados en las entidades donde luchan los movimientos regionales (sean los Chimalapas, el Valle del Yaqui, el Istmo o tantas experiencias más), son de los que, como expresa el CNI, construyen “un camino que perdure en medio de la oscuridad”


Postales de la revuelta: La tolerancia, una virtud inmensamente impopular

No son buenos tiempos para la tolerancia. Faltan argumentos ante la polarización y elcontrapunteo en que nos movemos. Es más fácil la intolerancia, requiere menor esfuerzo emocional, le bastan un tweet o un eslogan para imponerse. Ser tolerante en cambio demanda paciencia, razonamiento, conciencia del pasado, cierto sacrificio mental


Hay una negación deliberada de que la vida está en otra parte

Los pueblos ya dejaron de perder, son los que se organizan. Todo los empuja a perder, pero si algo hemos aprendido es que no se dejan. No les han ganado.


Ecuador a mediodía

Más allá de que los países son inventos que nos hacemos, de que las fronteras suelen ser por capricho y luego sirven como pretexto supremo para cualquier clase de arbitrariedades, en Ecuador lo maravilloso y lo real transcurren simultáneos.
Aunque la esperanza esté hoy explicablemente desprestigiada (¡ay, Pandora!), en Ecuador respira la resistencia popular de la esperanza.


Santa Greta y el día después

El problema no es si Greta es Juana de Arco (que sí lo es), ni si nos gusta o no. Existen alternativas de conciencia, luchas y resistencias de mayor profundidad y elocuencia, pero en vez de voltear a ellas y actuar, nos chupamos el dedo de golosina en golosina, de indignación en indignación. Nos está llevando la que nos trajo y seguimos perdiendo el tiempo.


Absoluto Toledo

Así de inolvidable como conocer el mar, un gran amor o ese momento preciso que divide el mundo en un antes y un después del viaje sicotrópico que abre las puertas de la percepción definitivamente, guardo en la memoria la primera vez que vi un Toledo, hace más de 50 años.
No nos bastará el siglo para admirar todo lo que nos dio a ver Francisco Toledo.


Mujeres: su guerra es la paz

Resulta increíble la escasez cultural de alegatos femeninos, no digamos épicos (género que no va con la feminidad) sobre la fuerza violenta. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, dos pensadoras judías, sin pretenderse feministas, ofrecieron sendas lecturas de la Ilíada que de hecho revolucionaban siglos de interpretaciones, exégesis y disecciones canónicas del canto homérico. El gran poema de guerra, destino y destrucción se enfrentaba al fin con la inteligencia de las mujeres.
Simone Weil en el umbral de la agresión fascista, y Rachel Bespaloff al fragor de ella, asediaron la Ilíada con armas nuevas.


Patíbulo para los valientes

La generación Wikileaks inaugura una nueva era para las libertades civiles y el derecho a la información. Un siglo separa los complicados heroísmos de Julian Assange, Chelsea Manning y Edward Snowden de las hazañas precursoras de la moderna defensa de los derechos humanos por Roger Casement y Edmund Dene Morel.


Los que sobran

El discurso ( la narrativa, según esa horrenda expresión colonizada hoy en boga) del gobierno con relación a los pobres puede haber cambiado, pero en los hechos se sigue tratando a comunidades y grupos humanos como estorbos para el progreso, gráficamente representado otra vez por el tren en un país que renunció a sus trenes hace un cuarto de siglo y ahora los pretende restaurar dentro de la imparable ola depredadora que el capitalismo no puede ni quiere detener.


Hipnotizados por los muros

Los muros tienen algo: no podemos dejar de mirarlos. Entre más cerca está uno de paredes y muros, resulta más difícil ignorarlos, y a fuerza de la constancia aprendemos a descifrarlos. El muro extremo es el de encierro. Sea frontera hirsuta (todas lo son), cárcel o campo de concentración o esclavitud, consiste en un obstáculo torturador de feo aspecto. Hipnótico, obsesionante.


Los nuevos campos de concentración, un regreso al futuro

El escenario de campos de refugio, contención, castigo, y como quiera de encierro no debe sernos indiferente. Lo estamos viendo en Tapachula y Ciudad Hidalgo para frenar la marea, mientras en el norte del país el pronóstico es reservados ante la inminente deportación desde Estados Unidos de miles de migrantes centroamericanos y de otros orígenes, muchos de los cuales “esperarán” en México la solución a su demanda de asilo o regularización migratoria en Estados Unidos. No retornarán a sus países y por un tiempo indeterminado residirán aquí. También están llegando los expulsados definitivamente, incluso con antecedentes criminales. Y se aglomeran en el bórder los que no han logrado cruzar, o desistieron de hacerlo y se están hallando, o quedaron atrapados, en Tijuana o Juárez.


Nuevo frenesí concentracionario

Asistimos a una legitimación de los campos de concentración. Aunque estos días se lleven todo el crédito Donald Trump y sus bonos electorales, sería injusto ignorar las aportaciones de la Europa meridional para modernizar y hacer funcionales campos de concentración que por supuesto reciben otros nombres y son apoyados por el electorado blanco.
aquí no hay cámaras de gas, el confinamiento es en principio temporal y punitivo, y los hornos corren por cortesía del desierto en Texas y Arizona. La versión actual de campo de concentración empata con los centros de confinamiento para ilegales. La demanda de estas instalaciones constituye un negociazo, administrado por corporaciones privadas. Vieran lo bien que cotizan en Wall Street los campos de concentración.


Se amontonan por miles los migrantes de centroam?rica en el sur de M?xico

Un r?o de gente. Parece f?cil decirlo. Continuo, con crecidas inesperadas y una corriente sostenida. Son centenares en todas partes, y miles en ciertos puntos


M?xico: ?Qui?n obedece a qui?n?

Lo volvi? a hacer. Al celebrar sus primeros 100 d?as, el Presidente omiti? cualquier compromiso serio con los pueblos originarios, como no sea destacarlos dentro del casillero primero los pobres y en el cap?tulo apoyos sociales. Nada sobre las verdaderas demandas de autogobierno, gesti?n territorial y contenci?n de megaproyectos y agroindustrias de Xochimilco a Chiapas, de Yucat?n a Durango, de las monta?as cafetaleras de Veracruz al Istmo de Tehuantepec.