Autor: “El Mostrador”

Pueblo mapuche… lo que el gobierno no quiere ver

El funeral de Camilo Catrillanca y luego el Tragün (gran reunión mapuche) realizado en la comunidad de Temucuicui, convocado de manera amplia y transversal por la familia del joven asesinado –probablemente los hitos políticos más importantes en autoconvocatoria mapuche de las últimas dos décadas–, deben ser leídos como un punto de inflexión en cuanto a las capacidades de cohesión del pueblo mapuche. Constituyen una expresión de unidad amplia, que muestra la tendencia centrípeta del pueblo mapuche para sobreponerse a las ya conocidas diferencias entre las comunidades de cómo enfrentar su relación con el Estado de Chile. La presencia de representantes de comunidades y organizaciones indígenas de toda la macrozona sur da cuenta de una convocatoria que, sobre la base de la demanda histórica tiende a superar la fragmentación y atomización, en vínculo y solidaridad permanente con la organización mapuche urbana.


La raíz del conflicto del pueblo mapuche y el Estado de Chile

Si el Estado no recoge, procesa y negocia sus demandas de reparación y reconocimiento, no habrá paz, convivencia civil y progreso en la Araucanía.
El actual conflicto entre el pueblo mapuche y el Estado de Chile tiene su origen en 1866, año en que por ley se determinó que todos los territorios al sur del Biobío pasaban a ser de propiedad fiscal. Dicha disposición contravenía más de tres siglos de política colonial y republicana, que a través de sucesivos Parlamentos, estableció la soberanía colonial y republicana sobre los territorios indígenas, a cambio del reconocimiento a las comunidades mapuches de la completa autonomía territorial y de autogobierno local. El último Parlamento fue celebrado en Tapihue en 1825 en el que se firmó un Tratado de Paz entre la joven República y el Lonko Francisco Marihuán, donde se señala de manera explícita que “el Biobío es la línea divisoria entre estos dos nuevos aliados hermanos”.


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Operaciones encubiertas y otras no tanto