Autor: “Raul Prada Alcoreza”

Bolivia: Consideraciones sobre la coyuntura de transición

La madurez del pueblo se expresa en el uso crítico de la razón, su facultad iluminadora y orientadora. Cuando inhibe esta facultad y busca un amo, un patriarca, un Caudillo, un representante, es inmaduro, un sujeto dependiente, un subordinado sin voluntad propia.
La democracia plena es el autogobierno del pueblo, la democracia restringida y formalizada, es la democracia representativa y delegativa. Los estados modernos, es decir, las repúblicas, aunque se denominen Estado Plurinacional, son democracia institucionalizada. La democracia institucionalizada tiene como referente la Constitución y tiene como arquitectura la malla institucional y las prácticas del ejercicio democrático.


Cuando ya nada importa, sólo el poder

Asistimos, en esta era de la simulación del sistema-mundo cultural de la hiper-modernidad, no solo a la decadencia; es decir, a esas mezclas barrocas de banalidad, desmesura de la economía política del chantaje, exacerbada especulación financiera e inflación de los discursos, compulsión degradante de las “ideologías”, como amarrados por los hilos del cinismo descarnado y sin límites, sino al asombroso desahogo de los comportamientos inescrupulosos. Los gobernantes llegan al colmo de un gesto nihilista despavorido, cuando ya nada importa, salvo el poder mismo, la conservación del poder, el goce sadomasoquista del poder.


El crepúsculo de los caudillos

Los campos de dominio de las relaciones y estructuras de poder, donde la figura del caudillo cabalga como el fantasma insomne se ven amenazados por los nuevos campos problemáticos, los contextos de realidad presentes, los nuevos sujetos sociales, las nuevas relaciones intersubjetivas, las vocaciones autogestionarias, autodeterminantes y de autoconvocatoria. Estos dominios se ven amenazados por la construcción de nuevas relaciones emergentes, horizontales, participativas, colectivas, comunitarias, expresión de saberes colectivos. Ante la evidencia de que los tiempos han cambiado, la herencia política, de las prácticas, de sus instituciones y de sus imaginarios, ha quedado obsoleta. No puede responder a los desafíos del momento. No puede resolver los problemas. No puede encontrar salidas, salvo la del círculo vicioso de la propia reproducción del poder y de lo mismo.


El eterno deseo de la rebelión (r)

La dominación y la hegemonía de las estructuras de poder y de las conductas modernas, que no son otra cosa que comportamientos que expresan la reproducción y acumulación del capital, la idolatría del fetichismo de la mercancía, se imaginan que son el único mundo posible, que son la “realidad”.


La nueva generación de luchas sociales (r)

No es un programa el que se implementa deductivamente desde la teoría revolucionaria, como creen los vanguardistas políticos, sino es la lectura de las cartografías del poder inscritas en los cuerpos, lo que permite orientar los consensos de las luchas hacia la desarticulación de estas cartografías de dominación.
Lo indispensable en las luchas sociales son los consensos, no las direcciones, son las asambleas, no las vanguardias políticas. Los consensos son expresión colectiva, construcción colectiva, aprendizajes colectivo; es realización de la libertad de todos y de cada quien.
Hay que avanzar todos juntos, sin dejar rezagado a nadie. Sólo así se tiene respeto a todos y cada uno, a la opinión de cada uno y a las opiniones de los grupos y tendencias que conformamos todos. No respetar, imponer, ya es una muestra del autoritarismo, inclinación despótica criticado por los y las ácratas. Estas conductas no solamente son herencia del poder, sino que son los hilos con los que se restaura el Estado.
Aprendiendo de las comunidades mayas zapatistas de la Selva Lacandona hay que conformar comunidades autónomas, sin pedir permiso a nadie.


La cuestión estatal y el realismo político (r)

Como y por qué los partidos políticos luchan tanto por acceder al poder del estado. ¿Es realmente un poder? ¿de qué tipo?


La revolución pacífica boliviana en el contexto de la crisis múltiple del Estado-nación

Ha concluido un ciclo, que llamaremos el ciclo del neopopulismo, abierto por la movilización prolongada (2000-2005), que, sin embargo, se orientaba a otro horizonte, que llamaremos el horizonte plurinacional y decolonial y autogestionario. Las salidas electorales, tanto el 2002 como del 2005, dieron lugar específicamente al comienzo del ciclo neopopulista, dada la correlación de fuerzas institucionales, no necesariamente social, pues la iniciativa y el territorio estaba tomada por los movimientos sociales, que obviamente no formaban parte del conocido instrumento político que es el MAS, sino, mas bien, eran autónomos y autogestionarios, partidarios de la autodeterminación.


Bolivia: la revolución truncada

La revolución se truncó, no desplegó todas sus posibilidades, toda su potencia social; al contrario, se estancó en la institucionalización de una salida constitucional, relativa a la sustitución presidencial, olvidando que había otras salidas, también constitucionales, contempladas en la misma Constitución, como, por ejemplo, el ejercicio de la democracia participativa, directa, comunitaria y representativa.


La izquierda colonial (r)

La intelectualidad de “izquierda” servil a gobiernos impostores, expresiones mayúsculas de la decadencia política, del derrumbe moral y ético, además de la depravación práctica del ejercicio del poder, aplauden y hacen apología de las formas de gubernamentalidad clientelar y del desborde de la demagogia del populismo del siglo XXI. Para esta intelectualidad, que ha perdido no solo la capacidad crítica, que es como el atributo del marxismo inicial, sino también la facultad del raciocinio, pues se niega a hacer un mínimo análisis de lo ocurrido en la historia reciente de los llamados “gobiernos progresistas”, incuestionablemente ha habido un “golpe de Estado en Bolivia”.


Ironías de la historia política

Hay enunciados que se vuelven famosos por varias causalidades; nos interesa uno, de Karl Marx, bastante recurrente en nuestros tiempos aciagos de crisis política, adecuadamente utilizado para evaluar las revoluciones; esta es la que se encuentra en el libro 18 de Brumario de Luis Bonaparte, el sobrino nada menos que de Napoleón Bonaparte. Se trata de un texto de análisis político, que forma parte de lo que considera los escritos histórico-políticos de Marx. La famosa frase dice así:
Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa.


Breve genealogía del Estado-nación de Chile en los espesores de la coyuntura. Analogías perversas y virtuosas en las genealogías de los Estado-nación

En los espesores de la coyuntura presente de Chile, las dinámicas moleculares y las dinámicas molares sociales, configuran la complejidad espaciotemporal-social-política-económica-cultural en base al eje de las movilizaciones sociales, cuya característica expresa la imaginación y el imaginario radicales, en el sentido de Cornelius Castoriadis. El pueblo chileno movilizado, mayoritariamente joven, donde se integra dinámicamente e incidiendo en el acontecimiento la nación y los pueblos mapuches, deconstruye las narrativas fosilizadas de las ideologías, que construyeron formaciones enunciativas y discursivas parciales de su historia política y social, sobre todo diseminan las mallas institucionales anacrónicas, petrificadas, que obstaculizan la potencia social. El pueblo chileno se abre a su porvenir creativo luchando, inventando, rompiendo con los anacronismos rezagados ideológicos, políticos e institucionales.


El derecho a la subversión (r)

La subversión es un derecho de los pueblos cuando sus estados conculcan el ejercicio democrático, cuando vulneran la Constitución, cuando no respetan los derechos consagrados en la carta magna, además de los derechos civiles y políticos, los derechos sociales, los derechos colectivos, los derechos de la naturaleza. Cuando la forma de Estado, que se expresa en la singularidad de la forma de gubernamentalidad, es decir, en un gobierno concreto, suspende el sistema jurídico-político, empujando a la guerra histórica-política, suspende la institucionalidad establecida, a través de las reglas acordadas constitucionalmente, los pueblos, para defender la soberanía que radica en el pueblo, tienen la potestad incuestionable de la subversión contra el despotismo y la tiranía.


Los propagandistas

No les interesa las causas de la derrota, tampoco les entra en mente la posibilidad de una construcción de la derrota desde adentro. Supuestamente todo estaba bien hasta que se dio el “golpe de Estado”, que desalojó a los “revolucionarios” del gobierno y del Estado.


Apuntes para una Arqueología del concepto de golpe de Estado

No se trata de saber si hubo o no hubo un golpe de Estado en Bolivia, sino de posesionar en el imaginario de la opinión publica, atrapada en las redes mediáticas, el imaginario del golpe de Estado o de su ausencia.
Lo que hay que atender, para comprender la crisis política, es precisamente el funcionamiento de los aparatos del poder en plena crisis, no tanto si hubo o no hubo un “golpe de estado”. Lo que es evidente es que asistimos a una crisis múltiple del Estado-nación y de la casta política, crisis ideológica y de legitimación.


Raíz y devenir de la comunidad

Muchas personas entienden que comunidad es un grupo de individualidades, como un grupo de vecinos o un grupo de residentes de un edificio o un grupo de miembros de una escuela. En realidad la comunidad no es que un grupo tenga alguna cosa en común como la proximidad de la residencia, pues vivimos en una sociedad patriarcal que estimula la distancia, el aislamiento, la competencia, el individualismo, el odio y el miedo aunque las personas estén muy cerca aparentemente. La construcción o recuperación del sujeto humano nosotros es un proceso lento que requiere procesos de ruptura con las prácticas individualistas y la realización sistemática de actividades cotidianas que acrecienten la proximidad, el afecto, la confianza y las ganas de estar juntos, no bastando la comprensión de que juntos hacemos más y mejor pues la idea es trascender la racionalidad y la conciencia para arribar a la memoria histórica de la especie que está registrada en cada cuerpo, lo que significa entonces que la comunidad es el encuentro de la especie, por tanto de la vida en común que ha sido destruida por el patriarcado al aprisionar a la mujer y retirarla de su esencia de eje del común para colocarla en su posesión como parte de su patrimonio.


Cambios de fondo. Explorando nuestro continente: El Tinku

El Tinku es un ritual, también una danza folclórica, que se manifiestan en el norte de Potosí. Acudiendo al significado del término, de raigambre quechwa, quiere decir encuentro; en cambio, en aymara se hace más hincapié al sentido violento, al de pelea. En todo caso, no debe confundirse la danza del Tinku, cuyo nacimiento y desarrollo corresponde al siglo XX, con el rito ceremonial del Tinku, que es de origen preincaico.


Los creyentes ideológicos

Las religiones actualizan los mitos en las narrativas religiosas; algo parecido pasa con la ideología, que actualiza los mitos, pasando por la herencia religiosa; construye una narrativa moderna donde los mitos y los esquematismos religiosos se actualizan en la versión narrativa de la utopía política.
Estamos ante un discurso ideológico anacrónico, con la recurrencia reiterativa de la trama desgastada de una narrativa ideológica trasnochada. “Derechas” e “izquierdas” se alternan para prorrogar el orden mundial de las dominaciones, las estructuras de poder mundiales y nacionales, la geopolítica de un sistema-mundo y de una economía-mundo que se reproduce con la extensión destructiva del extractivismo polimorfo, salvaje y también con uso de tecnología avanzada. Para decirlo de otra manera, aunque esquemática y dualista, que no compartimos, pero, tan solo para ilustrar, usando los mismos códigos de esta “izquierda”, se podría decir que se trata de una “derecha” camuflada como “izquierda”.


La izquierda colonial

La intelectualidad de “izquierda” servil a gobiernos impostores, expresiones mayúsculas de la decadencia política, del derrumbe moral y ético, además de la depravación práctica del ejercicio del poder, aplauden y hacen apología de las formas de gubernamentalidad clientelar y del desborde de la demagogia del populismo del siglo XXI. Para esta intelectualidad, que ha perdido no solo la capacidad crítica, que es como el atributo del marxismo inicial, sino también la facultad del raciocinio, pues se niega a hacer un mínimo análisis de lo ocurrido en la historia reciente de los llamados “gobiernos progresistas”, incuestionablemente ha habido un “golpe de Estado en Bolivia”. No constatan lo que dicen con los hechos, no acuden a fuentes, no se toman el trabajo de averiguar lo que pasó, mucho menos atender al debate y a la discusión generada en los lapsos políticos del “progresismo”; solo atinan a repetir como voceros ensimismados lo que la propaganda política y la publicidad compulsiva gubernamental han difundido a través de los medios de comunicación. Se parecen a militantes enceguecidos y fanáticos, en realidad burócratas, de la aciaga época estalinista, que convirtió a la revolución socialista en la institucionalización de una monarquía “socialista”; un barroco histórico-político-jurídico tenebroso.


Clase magistral: La crisis múltiple que asola al sistema-mundo moderno

La forma de Estado moderno, la forma del Estado-nación, ya no puede sostener la institucionalidad de una legitimidad jurídico-política. Se trata pues de la crisis múltiple del Estado-nación, ya se presente en las formas de gubernamentalidad neopopulista o neoliberales. Las formas de gubernamentalidad “socialista” y liberales ya tocaron sus propios límites durante los desenvolvimientos histórico-políticos del siglo XX. En otras palabras, las formas de gobierno ingresan en lo que Jürgen Habermas denominó la crisis de legitimidad en el capitalismo tardío, es decir, se trata de una crisis ideológica, ahora decimos, también institucional. Pero, en el fondo, en el substrato de las genealogías del poder, se trata de la crisis de la civilización moderna.
convocatoria a los pueblos y sociedades a un cambio radical de comportamientos y conductas sociales. No se puede seguir por los caminos recorridos dramáticamente durante la modernidad. Hay que detener esta marcha macabra de la muerte. Desandar los caminos recorridos y abrir otros senderos y orientaciones, que inventen mundos alternativos, incluso alterativos.


El federalismo de las asociaciones

La base de la vida corresponde a las asociaciones vitales, desde las más infinitesimales hasta las más molares. Para decirlo filosóficamente, se trata de asociaciones mónadas, entendiendo a la mónada no como la última instancia o partícula individualizada, sino también como otra asociación, cuyos componentes, incluso más infinitesimales, hacen a la mónada. En la vida social de las sociedades humanas debería preponderar esta proliferación creativa de las asociaciones; sin embargo, a pesar de que sea el substrato vital de la misma sociedad, las sociedades humanas han optado por la inclinación estatal, por la obligación institucional de macro-organizaciones supra sociales, como si fuesen el principio y el fin del destino de las sociedades y no construcciones humanas, instrumentos institucionales para la sobrevivencia, por lo tanto, desechables. Por estos caminos las sociedades modernas se han perdido en laberintos insondables. Ahora se encuentran en una crisis orgánica y estructural del Estado moderno sin precedentes, es más en una crisis múltiple del sistema-mundo capitalista, en consecuencia, de la civilización moderna.
El camino estatalista ha perdido a las sociedades en un laberinto político insondable y sin salida; el camino de la valorización abstracta, que se denomina capitalismo, ha perdido a las sociedades en un laberinto apocalíptico destructivo de la vida y de los ecosistemas planetarios.
Hay que dejar estos caminos y optar por otros, que partan, más bien, de la potencia de las asociaciones y se proyecten en la inventiva creativa social.
¿Por qué no deliberar sobre la posibilidad de un federalismo radical?
La construcción de una democracia plena, la de los autogobiernos de los pueblos.