Autor: “Stavros Stavrides”

Conectividad

Hoy en día, la conectividad es el sustituto perverso de la solidaridad. Las tecnologías de telecomunicación y telepresencia nos mantienen conectados en una transmisión interminable que impregna nuestra cotidianidad. Sin embargo, lo que hace que esta experiencia omnipresente sea peligrosa y aparentemente alienante es la sustitución de intercambios bien pensados ​​por respuestas automatizadas, casi no pensadas. La conectividad de este tipo espera reacciones inmediatas, exige respuestas y actos que deben ajustarse a flujos de información incesantes y rápidos.


¿Quedarse en casa?

Las políticas de bloqueo se han dirigido directamente a restringir los usos del espacio público en nombre de evitar el contacto con posibles portadores del virus. El espacio público, así, se convierte en el lienzo de la obediencia, más que en el escenario de la pluralidad.
Walter Benjamin, mientras observa la vida en mitad de la guerra en Nápoles, ha señalado: “… la casa es mucho menos el refugio al que se refugia la gente que el depósito inagotable de donde sale la inundación”. ¿No es esta quizás una forma de imaginar un espacio urbano común después de una pandemia? Una especie de espacio producido, desarrollado y soñado como ámbito y medio de una sociedad basada en el cuidado mutuo, la igualdad y la libertad.


Ciudades desesperadas. Ciudades de esperanza

La mayoría de los gobiernos tratan la pandemia como una oportunidad para imponer un estado de excepción. Sin embargo, la característica más importante de este período es establecer implícitamente un nuevo tipo de normalidad: modelar directamente nuevos hábitos y comportamientos urbanos y, por tanto, nuevos patrones de vida, tanto en el ámbito privado como en el público.


Espacio público y espacio común. La transición de la política a la construcción de nuevas relaciones

Desconfianza hacia el Estado como protector del bienestar de la sociedad. Desconfianza hacia las normas oficiales democráticas y el sistema de “democracia representativa”. Desconfianza hacia los partidos políticos establecidos. Las plazas no sólo han expresado todos estos sentimientos compartidos de desconfianza, sino que han movilizado a las personas en la búsqueda de formas de tomar la vida en las propias manos. En Grecia, estas iniciativas vivas tratan de defender a los más vulnerables y desfavorecidos (incluyendo a los migrantes y refugiados) y han evolucionado hacia una difusa pero expansiva red de solidaridad. Muchas veces comienzan con el deseo de satisfacer una necesidad colectiva urgente, pero contienen las semillas de nuevas relaciones entre las personas implicadas.
Como en los importantes experimentos políticos de autogestión en la región de Rojava (Norte de Kurdistan, Siria) y en la región zapatista (México), los esfuerzos para construir una sociedad diferente pueden florecer bajo las duras condiciones de una guerra (latente o explícita). Es en y mediante la crisis, tal vez, cuando los destellos de estas relaciones sociales diferentes pueden emerger en, contra y más allá del horror capitalista.


¿Podrá acabar Syriza con Syntagma? Papel de la autonomía y la democracia directa

Syriza no viene de Syntagma, el movimiento indignado griego, sino de la separación del eurocomunismo del viejo tronco estalinista del PC, mucho antes de Syntagma, a diferencia de Podemos en España, también de origen eurocomunista, que consigue proyectarse subiéndose encima del movimiento de indignados M15