Autor: “María Landi”

Palestina, las cosas por su nombre: Están envalentonados (pero cada vez más solos)

Una vez más, los aniversarios emblemáticos[1] se vuelven un boomerang para la causa palestina. El último tramo de 2017 se cierra con la indignación internacional derivada de la decisión del gobierno de Donald Trump de trasladar su embajada a Jerusalén, burlándose así del Derecho Internacional y dando la espalda a todas las resoluciones que desde hace exactamente 70 años la ONU ha emitido respecto al carácter abierto e internacional que debe tener esa ciudad santa para las tres religiones monoteístas.


Palestina: A 30 años de la Intifada de las piedras

El levantamiento fue fundamentalmente una insurrección civil[4]. La resistencia se organizaba en las ciudades, pueblos, aldeas y campos de refugiados a través de comités populares que garantizaban la subsistencia de la población, así como las tareas educativas y de salud durante los bloqueos y toques de queda.
La Intifada generó un sentimiento de empoderamiento colectivo, así como una subversión de las convenciones sociales. Por ejemplo, las mujeres salieron del espacio doméstico y asumieron nuevos roles productivos y políticos, organizándose en los comités locales para asegurar la efectividad de las tareas de boicot y subsistencia a nivel comunitario.


Palestina, las cosas por su nombre. ¿Dejaremos morir a Gaza?

Créanme que el bloqueo impuesto a Cuba es un picnic comparado con el inhumano cerco impuesto a Gaza por un enemigo poderoso que no está a pocas millas de mar, sino metido hasta en tu hogar, decidiendo si puedes vivir y con quién, de quién puedes enamorarte o no.
Israel es sin duda el principal responsable de la actual crisis, pero no es el único. La población de Gaza está siendo rehén de la eterna disputa política entre los rivales Fatah (que controla la ANP, asentada en Cisjordania) y Hamas, que controla Gaza. Una disputa que ciertamente Israel se ha encargado de aceitar por todos los medios posibles.