Autor: “María Landi”

Palestina: las demoliciones como instrumento de la limpieza étnica

Quien conoce la cultura palestina sabe que, para un padre de familia, construir su casa es mucho más que asegurarse un techo: es como inaugurar una dinastía, ya que en esa vivienda de varias plantas -generalmente levantada por sus propias manos y con ayuda familiar y solidaria- vivirán sus hijos e hijas, yernos y nueras, nietos y nietas. Para las mujeres, la casa es su habitat, el centro de su vida, el nido donde crían a sus hijas e hijos y cuidan a sus mayores cuando llega la vejez, el refugio donde resguardan el afecto y los vínculos familiares ante la hostilidad del mundo exterior. Cuando la casa es destruida, la crisis no es solo económica: con ella se derrumban el futuro, los sueños, la posibilidad de proyectarse, los pilares mismos que sostienen unida a una familia; y sus impactos afectan a toda una comunidad, que se mira en el espejo de la tragedia.


Palestina no está en venta

Estos días asistimos a otra iniciativa de los poderes occidentales –la última de una larga lista en un siglo− para imponer sus intereses estratégicos en Oriente Medio y presionar al pueblo palestino para que claudique. La propuesta para que renuncie a su legítima lucha por la autodeterminación y normalice la dominación israelí a cambio de vanas promesas envueltas en dinero viene siendo anunciada pomposamente como el “Acuerdo del siglo” y presentada por Jared Kushner, un ricohombre de negocios judío-sionista cuyo mérito consiste en ser yerno (y ‘asesor’) de Donald Trump.


Palestina, las cosas por su nombre: Están envalentonados (pero cada vez más solos)

Una vez más, los aniversarios emblemáticos[1] se vuelven un boomerang para la causa palestina. El último tramo de 2017 se cierra con la indignación internacional derivada de la decisión del gobierno de Donald Trump de trasladar su embajada a Jerusalén, burlándose así del Derecho Internacional y dando la espalda a todas las resoluciones que desde hace exactamente 70 años la ONU ha emitido respecto al carácter abierto e internacional que debe tener esa ciudad santa para las tres religiones monoteístas.


Palestina: A 30 años de la Intifada de las piedras

El levantamiento fue fundamentalmente una insurrección civil[4]. La resistencia se organizaba en las ciudades, pueblos, aldeas y campos de refugiados a través de comités populares que garantizaban la subsistencia de la población, así como las tareas educativas y de salud durante los bloqueos y toques de queda.
La Intifada generó un sentimiento de empoderamiento colectivo, así como una subversión de las convenciones sociales. Por ejemplo, las mujeres salieron del espacio doméstico y asumieron nuevos roles productivos y políticos, organizándose en los comités locales para asegurar la efectividad de las tareas de boicot y subsistencia a nivel comunitario.


Palestina, las cosas por su nombre. ¿Dejaremos morir a Gaza?

Créanme que el bloqueo impuesto a Cuba es un picnic comparado con el inhumano cerco impuesto a Gaza por un enemigo poderoso que no está a pocas millas de mar, sino metido hasta en tu hogar, decidiendo si puedes vivir y con quién, de quién puedes enamorarte o no.
Israel es sin duda el principal responsable de la actual crisis, pero no es el único. La población de Gaza está siendo rehén de la eterna disputa política entre los rivales Fatah (que controla la ANP, asentada en Cisjordania) y Hamas, que controla Gaza. Una disputa que ciertamente Israel se ha encargado de aceitar por todos los medios posibles.