Autor: “Ramón Vera-Herrera”

Primera bitácora incompleta de una devastación anunciada

Avatares de personas, comunidades y organizaciones para defenderse de la construcción de nuevo aeropuerto que el gobierno de López Obrador quiere (necesita) aprobar mediante una consulta.


Entre indígenas y campesinos se está forjando el cambio civilizatorio, que está prendiendo en ecologistas y sociedad civil, más y más en el campo y la ciudad

Con leyes o sin leyes, los pueblos, naciones y tribus, las comunidades locales, refuerzan el control autónomo de sus territorios, proponen autogobiernos y democracia directa con el fin de resistir las enormes invasiones y explotaciones corporativas.
Más y más comunidades buscan un auténtico bienestar o prosperidad que saben sólo puede surgir de autogobiernos, de proyectos autogestionarios, de que las decisiones se tomen donde son pertinentes —y las tomen quienes ejercen su propia vida y destino con otros y otras por igual.
Hay una alianza, autónoma en actitud, que vincula a los movimientos indígenas y campesinos con segmentos del movimiento ecologista y de la sociedad civil que impulsa que más gente, en campo y ciudad, pueda ejercer la vital estrategia de sembrar alimentos propios abriendo un breve y luminoso espacio desde donde se pueda emprender la búsqueda de la transformación radical del mundo.
Hoy, América latina es un laboratorio de espacios de reflexión derivados del intercambio de muchas experiencias que comienzan a narrarse desde muchos rincones.


Desde los fuegos del tiempo: La zozobra que les tienen prometida.

Cuántos hilos se agolpan haciendo nudos en la complejidad que son ésas y ésos que llamamos jóvenes.


Desde los fuegos del tiempo: Mirar y hermanar el México del Nosotros

La campaña de Marichuy Patricio como vocera de la estructura comunitaria del CIG del CNI puede resumir los vínculos tejidos entre comunidades, localidades, regiones, municipios, estados o entre mismos pueblos originarios (nahuas con nahuas, mixtecos con mixtecos, ñahñúes con ñuhúes, otomíes y mazahuas) en un tejido de lenguas, entendimientos, problemáticas y luchas concretas y visiones abstractas que van tejiendo un tapiz de lo que son los pueblos hoy día. Es un tejido luminoso pero igual es un tejido de los horrores y agravios, y abarca desde sus lugares más recónditos y sagrados hasta sus territorios más atacados, o hasta las deshabilitaciones que más buscan envilecerles, para desde ahí hacer que se sepa que la voluntad es remontar tal caudal de agravios para volver a ser lo que sus propios caminos les dictan que sean, sin necesidad de pedirle permiso de nadie. Y es activar esos vínculos.
Es tan diáfana la incomodidad rayana en escándalo que les provoca que una mujer, para colmo madre de familia (es decir una persona común) indígena y apartidaria se atreva a entrar en el vientre de la ballena para desde ahí rasgar las defensas de esa coraza, que cualquier cosa que diga repetiría lo que ya han dicho otras narradoras y narradores de la historia presente.


Intentar ser los otros que somos

El poder no ceja en robarnos no sólo el tiempo de nuestro devenir y nuestro tiempo de resolución de nuestros asuntos más pertinentes, sino el tiempo de nuestra imaginación. Por eso busca cosificar nuestras relaciones. Hacernos meros receptores. Al hacernos así, lo que en realidad nos está robando es nuestro deambular por pasados, presentes y futuros, en una sola pasada donde nos impone su tiempo lineal, definido y compartimentado como mejor le convenga a sus intereses empresariales y políticos.


Las fronteras difusas son lentes de aumento

En esa encrucijada, la búsqueda del ámbito donde podamos seguir siendo sujetos, donde no seamos el objeto de alguien más ni sometamos a otros a nuestras premisas e intereses, arriba a eso que le llamamos lo “comunal”.
En el intento de extender los ámbitos de mutualidad, de correspondencia, resonancia y búsqueda de entendimiento la comunidad termina siendo extensión de la familia: la persona colectiva que crea y recrea, cuida y mantiene los ámbitos de protección para nuestro seguir siendo sujetos. Para mi seguir siendo sujeto.
No es esto un elemento cultural, sino vital, de la convivencia.


De la fragmentación al común. El nosotros de los cuerpos como territorio de relaciones significativas. El horizonte de la deshabilitación

El poder ha buscado fragmentarnos. El “nosotros” es el enemigo principal del dinero. El dinero, decía Marx, es el contrario exacto de la comunidad; el principio de las mediaciones para evadir la socialidad, el inicio de la erosión de la mutualidad.
Esa reconstitución entonces comienza con diálogo, reivindicando nuestra palabra.
(Nota: Nosotros en Valparaíso decimos: Abra su puerta y converse con sus vecinos)
Si el saber se construye en colectivo y debemos reconstituir a los sujetos, eso significa, ni más ni menos, reconstituir el colectivo, lo común, comenzando con la palabra, con el diálogo, la conversación; poniendo la responsabilidad en el centro mismo de nuestras acciones.
Así se logra volver al “nosotros”. El “nosotros” es el principal territorio: el tejido y retejido constante de nuestras relaciones significativas. El lugar donde habitas, tu hábitat, como espacio geográfico pero también tu propio cuerpo.
Sensacional. Lectura placentera, instigante y enormemente contributiva.